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| 5 DE MARZO DE 2007 | LUNES DIDACTICO | |||
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SEMINARIO
El valor educativo del humor
MANUELA ORTEGA
Seguro que, si vieras un billete de 500 euros tirado en el suelo, te agacharías a cogerlo. Seguro, además, que si alguien lo estrujara, lo tirara y lo pisara, seguirías inclinándote a por él sin demora. Seguro, incluso, que si, a continuación, esa misma persona escupiera encima y se marchara, tú no dudarías en coger el billete y gastarlo. Por muchas vejaciones que hubiera sufrido, tú sabrías que el billete seguiría conservando su mismo valor, y precisamente por eso lo querrías. Con las personas pasa lo mismo. Todos somos valiosos, independientemente de lo que nos digan los demás y de que respondamos o no a las tendencias estéticas y sociológicas que marcan los publicistas. “El sentido del humor nos ayuda a potenciar nuestra autoestima, a dirigir nuestra mirada a nuestras cualidades más que a nuestros defectos, aunque los aceptemos y los queramos. Y si me quiero a mí mismo, puedo ser positivo. Decir lo que creo que debo decir y expresar o exigir mis derechos”, explica Germán Payo, profesor del colegio salmantino Antonio Machado y director de talleres y cursos de humor para adolescentes y adultos en institutos, universidades, hospitales y otras instituciones. En la actualidad, Payo imparte un curso sobre el valor educativo del humor en el Centro Madrileño de Apoyo a la Formación de la Infancia El Valle. Sus destinatarios son profesores de todos los niveles educativos que quieran aprender a resolver las situaciones conflictivas que se presenten con sus alumnos más difíciles. En estos casos, según Germán Payo, lo primero es hacer un esfuerzo de flexibilidad mental, de aprender a ver las cosas de otro modo, y la clave de todo reside en la autoestima. “Un alto porcentaje de los profesores sufre agresiones y se deprime”, reconoce Payo. “Sin embargo, tenemos dos cualidades dentro de nosotros, el sentido del humor y la capacidad de reírnos, que si las desarrollamos nos van a servir para dos cosas: nos van a hacer sentir mucho mejor con nosotros mismos y, de rebote, van a conseguir que nuestra tarea educativa sea más eficaz”. Al detalle LA SOCIEDAD. “En nuestros días, el modelo que se impone para resolver conflictos está basado en la fuerza”, dice Germán Payo. “Por eso, hay alumnos que no aceptan reglas, que rechazan el esfuerzo y carecen de motivación, que dicen: ‘Yo soy así y, si no te gusta, es tu problema’”. LOS PADRES. “Llamo a un padre”, continúa, “porque su hijo se escapa de las clases. ‘Tengo yo que ir a hablar con vosotros porque no le motiváis y le tenéis manía’, me replica”. Y hay casos más duros. Padres que han pegado a profesores por reñir a su hijo y que vienen con un abogado recurriendo cualquier sanción. LAS AULAS. Todo ello origina una tensión tan tremenda en algunas aulas que hay profesores que no pueden aguantar y caen enfermos o tienen el ánimo por los suelos. EL REMEDIO. En la web http://www.educahumor.com, Germán Payo da cuenta de los cursos y talleres de humor que él mismo imparte, junto con su equipo, por toda España. “El profesor tiene que poner humor en lo que hace, no para conseguir algo concreto —ya que habrá veces en las que el resultado sea nulo—, sino porque así va a sentirse mejor”, explica Payo. “A veces se obtienen buenos resultados y uno se siente muchísimo mejor, pero no hay garantía. Que nadie salga engañado. Los resultados no dependen del profesor”, agrega. El sentido común siempre tiene que ir por delante del humor, pues indica las situaciones en las que el uso de la risa no es aconsejable. El desarrollo del humor, con todo, supone un aumento de la creatividad, de la imaginación y del ingenio. Un lema para resolver conflictos: ‘Ríe y todo el mundo reirá contigo; ronca y dormirás solo’ Tratar de poner humor en los conflictos a veces funciona y tiene sus ventajas, pero también ofrece inconvenientes. “El principal es que algunos pueden pensar que estás majareta. Si eso no nos importa mucho, por lo menos nos reímos, y es una experiencia maravillosa dominar una clase, hacerles reír y, sobre todo, reírte tú”, comenta Germán Payo. En los cursos y talleres de este profesor, tanto los dirigidos a profesores como los destinados a otros colectivos, se llevan a cabo ejercicios de autoestima, asertividad, creatividad e ingenio. Para ello, se desarrollan actividades como la de pegar una foto de cada asistente en un folio, establecer un circuito y hacer que los demás escriban sólo adjetivos y cualidades positivas de la persona junto a su foto. Otra dinámica de grupo consiste en contar lo que más le gusta a uno de su cuerpo y de su carácter para que, a continuación, los demás le digan qué es lo que a ellos les gusta más tanto a nivel mental como corporal, y todo caminando por la clase para mantener el ánimo alto y las ideas claras. En los cursos, se aplica una cantidad innumerable de ejercicios similares, entre los que destaca la representación de un conflicto, primero con normalidad y luego con humor. Imaginemos, por ejemplo, que chocan dos coches y que se mantiene el siguiente diálogo: “—Hombre, muchas gracias por destrozarme el coche y romperme la pierna. —Ha sido un placer, ¿quiere que le pille un brazo también? —Bueno, ya que voy al hospital, pues... si no tiene inconveniente,...”. Al término de los talleres, se consigue que hasta los más tímidos sean capaces de enfrentarse a un público hostil defendiendo sus ideas e intereses. Educación a partir de La risa Germán Payo lleva 24 años dirigiendo talleres de humor y 14 dando cursos sobre el mismo tema en universidades, hospitales y otras instituciones. Ha ideado y promovido el programa ‘Educa desde el Humor’, aplicado en el Colegio Antonio Machado de Salamanca y presentado en congresos, conferencias y cursos de diversos países de Europa y en Estados Unidos. El programa, además, ha recibido dos premios nacionales de experiencias educativas innovadoras. “Por lo que sabemos, no hay iniciativas similares en ningún lugar del mundo”, dice Payo, que es además editor de dos revistas de humor y miembro de la Sociedad Internacional de Estudios de Humor. “En nuestros cursos enseñamos a reírse de uno mismo. Cuando tú aceptas que eres imperfecto, los demás dejan de reírse de ti. Trabajamos la autoestima en contra del bombardeo publicitario que lucha por destruirla”, añade.
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