12 DE ENERO DE 2007 VIERNES CULTURAL  
    
ESCUELA DE DJ

El arte de manejar con las manos el baile y la diversión

Controles, sintetizadores, tornamesas, vinilos, monitores, agujas, audífonos... para ser Dj también hay que estudiar, aprender a dominar el argot y los elementos de una cabina. Con ello se han puesto varios jóvenes en Moratalaz llamados por su pasión por la música. Siguen los dictámenes de su profesor y no viven soñando con el éxito, sino con la vocación de aprender a crear y mezclar los ritmos que más les gustan. También reconocen que para esto no basta con saber, además hay que valer: tener ritmo y, sobre todo, actitud

MARTA CABALLERO

Hay una planta baja, cuatro chicos, una pared de corcho y decenas de cacharros. Y hay un argot ultramoderno, viseras, gorras, ropa tres tallas más grande. En la estancia se dan y se reciben clases. Los alumnos (Pablo Ávila, Ricardo Mariani y Alejandro Blasco), muy motivados, son amigos entre sí y acuden a ellas por la música. De entre los muchos estilos que pegan ahora, ellos se han decantado por el rap, el funky, el trip hop... un cuarto pupilo, Eduardo Rodríguez, es en cambio todo un freak de la electrónica. De momento las viven como aventajados oyentes, como fans, pero quieren dar un paso más y aprender a pinchar, componer y producir.

Unas dos veces a la semana se reúnen en la Escuela de Nuevas Músicas del madrileño barrio Moratalaz (“un buen barrio para este estilo”, comentan). Allí, Nico –Nikko a los platos–, productor y Dj profesional, les da las pautas para empezar a moverse en este mundo: les enseña los programas, el complejo vocabulario de este arte, les aconseja para cuando llegue el momento de adueñarse de una cabina. “Como mejor se aprende a pinchar es en casa, sin que te cueste un duro”, asegura grave el profesor, “pero nosotros tenemos orientadas las clases hacia la producción”, añade. Nico abunda en esta cuestión reconociendo la importancia de la figura del Disc jockey: “Para esto, además de saber, hay que valer. La trascendencia del Dj está en que puede hacer lo que no consigue una máquina: mover al público de un sitio a otro, saber en qué momento se encuentra durante la noche y conectar con él. Yeso no lo puedo enseñar en clase”.

Lo más importante, coinciden profesor y alumnos, es tomárselo como una afición y no obsesionarse con triunfar, pues es una profesión de difícil camino en nuestro país, en la que estos profesionales se siguen viendo “más como ejecutores que como creadores”, apunta Nico. “También se busca innovar e investigar nuevos campos dentro de la música que a cada uno le gusta”. Y con ello se ponen, devotos, varios días por semana.

“No nos avergonzaremos de nuestra música en el futuro”

Si a estos amantes de la (¿mal llamada?) cultura urbana se les pregunta por la música que escuchaban hace tres años, se sonrojan y dan evasivas. “Bueno... antes éramos más pijos”, confiesan apurados. “¿Más pijos qué significa?”, se les insiste. Y con más bochorno y alguna risa nerviosa vuelven a sincerarse: “Vestíamos de estrecho y escuchábamos cosas como El canto del loco”.

En cambio no hay risas si se les pregunta sobre la posibilidad de que, de aquí a tres años, se avergüencen cuando se les recuerde su era hip hop. “Para nada, estoy seguro de que nos seguirá gustando la misma música y de que seguiremos vistiendo igual”, se auguran. Y no es que se sientan los elegidos, pero sí se aprecia en ellos cierto orgullo por ser de los pocos raperos de su instituto, el Felipe II de Moratalaz.

Ellos, que viven esta cultura musical en otras de sus manifestaciones (son también los grafiteros Mollo, Calamardo y Guetto, por si ven su firma por ahí), aseguran llevarse bien con el resto: “En el instituto hay de todo, punkarras, modernos y, sobre todo, bacalas, pero tenemos buen rollo”. De entre esas opciones ellos han elegido la que toca este estilo porque, presumen, “expresa lo que piensa la gente con música y con poesía”.

Otros ritmos

NUEVAS MÚSICAS. La Escuela de Nuevas Músicas nace en 1994 con la idea de dar respuesta a una demanda de alumnos que quieren aprender música con una metodología y contenidos distintos a los de la enseñanza tradicional y adaptados a las necesidades y dificultades que plantean los estilos actuales. Sus alumnos pueden asistir allí a clases desde piano a coro pasando por improvisación, composición, o percusión latina. A las órdenes está el músico, compositor y pedagogo Pedro Ojesto.

APÚNTATE. Si te interesan las clases de Dj, pásate por la Web: http://www.escueladenuevasmusicas.com. La dirección del centro es C/ Hacienda de Pavones, 191. Moratalaz (Madrid). Para los que no residen en la capital, en muchas ciudades de España se imparten también cursos de este tipo. Algunos de ellos puedes encontrarlos en la dirección http://www.elmundo.es/laluna/2003/246/1070466178.html.

Los Dj en españa

Al Dj es tan fácil adorarlo como minusvalorarlo (esto último especialmente en nuestro país). Hay quien piensa que su figura es innecesaria, pero el creciente triunfo de nombres de pinchadiscos internacionales apunta a lo contrario (véanse Fatboyslim, QBert, Trentemoller y 2many dj’s, entre otros dioses del vinilo).

Según los alumnos de la Escuela de Nuevas Músicas, que ya saben de lo que hablan, “es muy difícil conectar con el público y saber cuál es la mejor canción para ponerles en cada momento”. Además aseguran que España va con retraso en este sentido a causa de “la vena latina que tenemos”, en palabras de Nico, el profesor. Por eso se les recomienda a los alumnos que no sueñen demasiado con una masa ingente de personas bailando a sus pies. Muy lejos aún del mundo profesional, se dedican, poco a poco, a adentrarse en el de la producción.