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| 4 DE JUNIO DE 2004 | VIERNES CULTURAL | |||
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FERNANDO LALANA
‘Hijos del trueno’, una novela “gamberra”
MIREN IZQUIETA
Traslada el mérito de hacer reír sobre un escenario a las páginas de sus libros. “Hay lectores que me aseguran reírse a carcajadas cuando leen alguna de mis obras”, dice Fernando Lalana (Zaragoza, 1958). Hijos del trueno (Alfaguara Serie Roja) es el título de su recién estrenada carcajada. Pero, en este caso, la sonrisa contiene un tono crítico. A través de personajes “paródicos y estrafalarios”, Lalana pone sobre el tapete la situación que se vive en los institutos remanentes, centros que nacieron como solución gubernamental al fracaso escolar. Se trata de un centro donde se debe matricular el alumnado sobrante después de que la ley obligase a que las aulas de todos los institutos sólo contasen con 22 estudiantes. Inspirado en la situación de los sobrantes y con la ayuda de José María Almárcegui, Lalana ha redactado las hazañas de un grupo que, lejos de asumir su papel de “fracasados por decreto”, llegará a poner patas arriba a la mismísima Gerencia Nacional. Pero su desahogo como escritor ha sido “vengarse contra las novelicas de instituto, que siempre se desarrollan en un centro educativo y que siempre hablan de los mismos problemas y dudas adolescentes”. Por eso, para llevar la contraria, Lalana ha demostrado que también es posible una “novela gamberra para gente joven”. Hijos del trueno es su título número 81, un número récord para cualquier escritor. Lalana añade una posdata a tal cifra: “Hay que tener en cuenta que yo dedico las 24 horas de todos los días de la semana a escribir, que vivo sólo de esto y que paso toda la vida escribiendo y pergeñando historias”, asegura. Otro lujo añadido para cualquier escritor. Su fortuna le ha llevado además a disfrutar con su trabajo. “Me divierte escribir novela juvenil, es fresco y exige mayor sentido del ritmo y una viveza de diálogos que la novela adulta no reclama”, añade. Además CONSEJOS DE AUTOR. Como gran aficionado a la lectura, “siempre recomendada”, Fernando Lalana asegura que un lector debe ser constante, “y dejar el margen de 30 primeras páginas para que la novela te enganche, hay que tener interés por dejarse atrapar, por entrar en el juego que le propone el escritor. Debe colaborar, no es una cuestión pasiva”. GUÍA DE LECTURA. Después de conseguir despertar la pasión por la lectura, Lalana aconseja no lanzarse a leer “ladrillos sin saber qué son, porque así se puede llegar a aborrecer la literatura”. SUEÑOS DE ESCRITOR. Quienes sueñen con ser escritores deberían, según Lalana, “confiar en ellos mismos, no esperar a que los demás te animen y tener la autoconvicción de que esto es lo tuyo”. RENOVACIÓN. Lalana anuncia la renovación de la literatura juvenil que se está llevando a cabo por, entre otros, Laura Gallego, “una revelación”. Además, destaca a otros autores dedicados a esta modalidad literaria: Jordi Sierra, Joan Manuel Gisbert o Alfredo Gómez Serna. HUMOR. Lalana cultiva en sus novelas una literatura en clave de humor que bebe, sobre todo, de Jardiel Poncela, de Llopis o de Mihura. “Les tengo en un altar, porque hacer un libro serio no es lo más difícil, pero conseguir hacer reír a carcajadas es muy meritorio”, asegura. Algunas de las obras de Fernando Lalana son un ejemplo de este humor: El genio, El dragón, El circo, El enigma N.I.D.O. o El tiovivo búlgaro. “El lector debe saber que el resultado de la lectura es para él, debe implicarse y esforzarse” Fernando Lalana se confiesa: “Disfruto más leyendo que escribiendo, porque leer es muy grato”. Pero reconoce al mismo tiempo que escribir “tiene la ventaja de estar en la parte activa, compensa porque luego la gente te dice que le gustan tus historias y que disfruta con ellas”. El autor recuerda una cita de Pilar Miró que él traslada a la literatura “y a todas las artes”: “Ella decía que se hace cine para que la gente te quiera”. Pero como cualquier labor que requiere la imaginación y el esfuerzo de juntar letras con habilidad, Lalana vuelve a admitir que le cuesta mucho esfuerzo empezar una novela y redactar los primeros 10 ó 15 folios donde se deciden los personajes, el narrador o el tono. También le es difícil pensar el título. “He pedido prestados muchos títulos de libros, soy muy malo para eso”, asegura. Eso sí, después de su particular martirio, el autor disfruta del final de sus propias novelas: “Es lo mejor, siempre escribo encantado los últimos 30 folios”. Y así desde que con 14 años, Fernando Lalana escribiera cuentos con los que intentaba –“con buenos resultados”– ligar con las chicas. “Empecé a presentarme a concursos y alguna de las historias que presenté se llegó a publicar. No me guardaba para mí lo que escribía”, recuerda. Hasta hoy, en que acumula ya una bibliografía con 81 títulos y dedica parte de su tiempo a recorrer los institutos para que los chicos y chicas puedan poner voz y rostro al autor del libro que acaban de leer. Su mensaje, “el lector debe saber que el resultado de la lectura es para él, debe aplicarse y esforzarse”. Un libro inspirado en su ‘mili’ Hace 15 años que Fernando Lalana se dispuso a contar su experiencia en el servicio militar en el libro Conspiración Chafarinas. Es quizá su novela más conocida después de que se adaptara al cine. Y, para él, una de las que más problemas le ha provocado: “Estuvieron a punto de llevarme a juicio”.
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