31 DE MARZO DE 2003 LUNES DIDACTICO  
    
LITERATURA

Fernando Pessoa, el poeta múltiple

Fue una sola persona, pero un sinfín de poetas. Fernando Pessoa, una de las cumbres de la literatura en portugués, murió en 1935, pero su obra, su verdadera obra, empezó a conocerse después. Firmó con hasta 72 heterónimos, que no pseudónimos, aunque cuatro son los más importantes. Cada uno con su propio estilo, su filosofía y sus preocupaciones, que después Pessoa, o cualquiera de ellos, plasmaba en su literatura. Hoy repasamos la figura de este peculiar creador, que sigue siendo objeto de estudio y admiración

CéSAR PIERNAVIEJA

Lisboa, 13 de junio de 1888. Ese día, no sólo nació Fernando Pessoa. También lo hicieron todos sus heterónimos, los poetas ficticios a los que Pessoa dio vida, versos y reflexión.

Pessoa es el poeta portugués por excelencia, una cumbre lírica escondida tras unas gafas y un sombrero, de una vida exterior sencilla y una compleja existencia interior, desasosegada, pero siempre poética.

Y es, ante todo, el poeta múltiple, quizá el único que haya sabido personificar su yo diverso en tantos poetas como mundos guardaba dentro. Por un lado, Fernando Pessoa; por otro, Alvaro de Campos, Alberto Caeiro, Bernardo Soares o Ricardo Reis, cada uno con su estilo y sus temas propios, y con una biografía y filosofía propias.

Con todos esos nombres (y con otros 68, según los expertos) firmó sus obras el poeta, quien escribió sus primeros versos en inglés. Cuando Fernando era todavía un niño, su madre, viuda, contrajo matrimonio con el cónsul portugués de la ciudad surafricana de Durban, adonde se fue la familia con un joven Pessoa que aprendió el idioma anglosajón hasta ser bilingüe.

Fue traductor y escribió cuantiosa poesía en inglés; incluso, su último poema, escrito ocho días antes de su muerte, en la fría noche del 30 de noviembre de 1935, debido a un cólico hepático.

Antes, en 1910, cuando se proclamó la República en Portugal, Pessoa ya era parte importante del ambiente cultural lisboeta, participando activamente en la expansión de la vanguardia, escribiendo en numerosas revistas y estando en contacto con los escritores más despiertos e inquietos de su generación.

Sólo publicó un libro en vida (Mensagem, 1934). Tras su muerte, cuando se fue conociendo poco a poco su ingente obra, ha pasado a la Historia como uno de los más grandes creadores en lengua portuguesa, y sigue siendo uno de los escritores más estudiados.

Detalles

VIDA. Fernando Pessoa nació en Lisboa el 13 de junio de 1888. Desde 1897 hasta 1905 vivió en Durban (Suráfrica), donde estudió en varias instituciones británicas y aprendió inglés. De vuelta a Lisboa, fue pasante y traductor de firmas comerciales, colaborador de revistas y poeta, ya siempre poeta. Permaneció en Lisboa hasta su muerte, el 30 de noviembre de 1935.

SOLTERO. La vida de Pessoa fue siempre literatura, creación, polémicas, constantes cambios de domicilio y de trabajos de oficina. Mantuvo una relación sentimental con una muchacha llamada Ophélia, también oficinista. Abandonó y reinició varias veces su relación, y permaneció siempre soltero, solitario y depresivo, aunque con una actividad mental inmensa.

BAÚL. Es famoso su baúl, en el que acumulaba sus escritos, inundados de pensamientos y versos que muestran su visión de la vida. Ese baúl quedó en la última casa que habitó, en la rúa Coelho da Rocha, nº 16.

PESSOA PÓSTUMO. Una de sus obras más famosas es El libro del desasosiego, escrito desde 1912 y aparecido en 1982, nada menos que 43 años después de su muerte, firmado por Bernardo Soares.

Una vida ligada a su ciudad, Lisboa

“Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no son la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única”.

En este extracto de El libro del desasosiego, escrito por Pessoa a partir de 1912 y compuesto por aforismos, divagaciones y fragmentos de su diario, confiesa su inquietud por la existencia humana y por la multiplicidad de las personas, tal y como él mismo llevó hasta sus últimas consecuencias adoptando nombres y almas distintas para plasmar su poesía.

Esas almas de las que habla son las de su ciudad, Lisboa, y de sus gentes, los lisboetas. Pessoa salía diariamente a pasear por las calles de la ciudad, y sus huellas se encuentran esparcidas por todos sus rincones.

Se abrigó en la calidez de los cafés y de sus entretenidas tertulias, frecuentó los restaurantes populares, bajó y subió sin descanso las cuestas de la capital, como intentando huir de su encerramiento personal, bañado en alcohol y en ensoñaciones.

Pero, sin duda, de todas las zonas de la capital es La Baixa, el barrio que se abre hacia el río, la predilecta del poeta. Era uno de sus tantos escondites, donde olvidaba el nihilismo de su vida. Pessoa escribió: “Pero no siempre quiero ser feliz/ es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural”.

El homenaje de los lisboetas

Salvo su viaje de niño a Suráfrica, Fernando Pessoa no se movió de Lisboa, donde nació, vivió y murió. Se duda, incluso, que después de su vuelta de África saliera en alguna ocasión de la capital portuguesa para visitar las cercana ciudad de Sintra.

“¡Qué triste parece la vida de Pessoa, sin nunca abandonar Lisboa! Pero ¡qué intensa, cuánto viajó, cuánto más lejos fue que los fútiles mundanos de los trasatlánticos!”, ha escrito de él el también poeta Luis Antonio de Villena.

Su amor por los famosos cafés lisboetas y la ciudad no pasa inadvertido a quien visite la ciudad. La estatua de la imagen superior es un homenaje de sus ciudadanos al poeta, y se encuentra en el café A Brassileira, que tanto frecuentó Pessoa, donde solía reunirse con un grupo de intelectuales.