17 DE FEBRERO DE 2003 LUNES DIDACTICO  
    
GARCILASO DE LA VEGA

Cinco siglos del nacimiento del gran poeta renacentista

CAROLINA G. MIRANDA

Este año, estamos de centenario. Y es que, hace cinco siglos, en Toledo, venía al mundo quien habría de ser uno de los grandes poetas de nuestras letras: Garcilaso de la Vega, que en algún momento tendrás que estudiar, si no lo has hecho ya. Este año celebramos este quinto centenario, y con motivo de ello se organizarán una serie de actos culturales y exposiciones.

Garcilaso de la Vega está considerado uno de nuestros poetas de mayor nivel y de él se destaca el haber sido el introductor de las formas del Renacimiento en la lírica española, así como el haber llegado incluso a ser mejor poeta que sus maestros.

Como muchos, Garcilaso escribió sobre el amor, que a veces se hallaba idealizado y otras era un sentimiento desesperado por no ser correspondido. Lo cierto es que, aunque sus obras muestran gran calidad, fueron pocas en cantidad. Este gran poeta castellano escribió tres églogas; dos elegías; una epístola; cinco canciones y 38 sonetos.

Los expertos señalan en los sonetos de Garcilaso la perfección de su forma, así como un estilo sin afectación; un gran sentimiento por la Naturaleza; un uso sencillo del lenguaje; y un amor que destaca sobre todos: el que sentía por doña Isabel de Freyre, aunque se casó con doña Elena.

La historia de Garcilaso es la del segundo hijo de una familia acomodada de siete hermanos. Pero como por entonces la herencia recaía principalmente en el hijo mayor (por una ley conocida como mayorazgo), Garcilaso heredó muy poco a la muerte de sus padres.

Pero, al final, poco le importó, pues tenía una gran ambición cortesana, un montón de amigos, y mucho talento tanto con los versos como con la espada. Todo esto lo convirtió en un personaje muy destacado de su tiempo. La personalidad de Garcilaso era muy atractiva, y su obra resultaba muy fresca.

El poeta viajaba con frecuencia a Italia, y esto ayudó a que trajera desde allí ideas para nuestra poesía de plena modernidad. Él trajo sus limpios y elegantes endecasílabos a una España que aún estaba sumida en fórmulas literarias medievales.

De las hogueras inquisitoriales y de la opresión e intolerancia de la Edad Media, con este poeta se pasó a una época iluminada. Como bien sabrás, porque hablamos del Renacimiento, se volvió entonces al canon clásico y a la búsqueda del amor y la belleza, pero también hubo unos cuantos conflictos bélicos.

El amor y la guerra son dos motivos centrales de la época, y el propio Garcilaso se convirtió en un símbolo de ello, al morir joven, en 1536, tras un combate con las tropas del emperador Carlos V. Fue herido en Frejus y murió en Niza.

El poeta tuvo éxito en vida, pero no lo disfrutó siempre. Cuando realmente encontró reconocimiento fue en la posteridad, que lo señala como uno de los autores más influyentes a lo largo de los siglos.

Una obra inspirada sobre todo en el amor y la Naturaleza

Garcilaso fue un gran poeta, pero la colección que nos dejó de herencia fue breve: la Epístola dedicada a Juan Boscán; las Elegías en forma epistolar; las Églogas pastoriles; las Canciones, y sus famosos 38 Sonetos.

Eso sí, ninguna de estas obras se publicó en vida del autor. No fue hasta el año 1543 que éstas vieron la luz, pero no en Toledo, sino en Barcelona. A partir de entonces, las obras del poeta se editarían de tanto en tanto (en 1569; en 1574; en 1577 y en 1580).

La Epístola está escrita en verso libre y se dirige a Boscán, a quien también dedica las segundas de sus elegías. Las primeras elegías se dirigen al duque de Alba. Ambas obras están escritas en tercetos.

Para componer sus Églogas, Garcilaso utilizó diferentes paradigmas en sus estrofas, que los críticos definen como brillantes, al igual que las de sus Canciones, aunque éstas son más uniformes.

Los sonetos, por su parte, giran principalmente en torno al amor, al que dedica también la mayor parte de su producción. Su amada Isabel Freyre le sirve de musa en casi toda su obra.

La descripción de la Naturaleza también es muy importante en la obra del toledano. Se considera que los clásicos grecolatinos dejaron así su influencia en nuestro poeta, que representa una Naturaleza según el ideal renacentista: convencional, armoniosa, que nos produce serenidad. Su lenguaje es siempre elegante, sonoro, aunque sin despreciar las expresiones populares.

Si esto te interesa, una buena manera de acercarte a Garcilaso es consultar la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que le dedica una biblioteca de autor exclusiva. Su dirección es www.cervantesvirtual.com.

Y además

SU NOMBRE. Én la época de Garcilaso, las cosas no eran como en la nuestra. De hecho, los nombres y apellidos se cambiaban según uno quisiera, no había una norma establecida. El padre de Garcilaso, por ejemplo, se llamaba Pedro Suárez de Figueroa, y decidió llamarse Garcilaso de la Vega ya que así se habían llamado algunos ilustres antepasados de la familia.

LA ÉPOCA. Garcilaso vivió en pleno descubrimiento del Nuevo Mundo; en una época en que la Reforma protestante convulsionaba Occidente, así como los aires renacentistas hacía que todo volviera empezar. En España, se vivieron años de inestabilidad política por la muerte de Isabel de Castilla en 1504. En Toledo, como en otros territorios castellanos, hay luchas de poder entre los nobles.

EDUCACIÓN. Garcilaso de la Vega recibió una educación muy esmerada. Dominaba el griego; el francés; el latín; el italiano. Tocaba la cítara, el arpa y el laúd, y pasaba temporadas en Batres, en Toledo y Badajoz.