11 DE DICIEMBRE DE 2000 LUNES DIDACTICO  
    
TRASHUMANCIA

Cuando el ganado “emigra” en pos de los mejores pastos

PALOMA CORREDOR

Qué hacen todas esas ovejas invadiendo la madrileña Puerta de Alcalá? te preguntarás al ver la imagen. En realidad, lo único que hacen es atravesar pacíficamente una cañada de Madrid. ¿Y qué son las cañadas? Pues rutas que cruzan la Península y que antiguamente servían para que las atravesaran los ganados trashumantes, o sea, emigrantes.

La trashumancia o migración del ganado en busca de pastos frescos está considerada como la actividad pastoril más antigua del mundo. Comenzó a practicarse en unos tiempos tan remotos como el Neolítico, aunque tuvo su apogeo durante la Edad Media. En esa época nació la Mesta, una organización de propietarios y pastores de ganados de ovejas merinas emigrantes, cuya lana es muy apreciada.

Prueba de su importancia es que estos propietarios disfrutaban de una serie de privilegios superiores a los del resto de sus colegas. La Mesta dejó de existir definitivamente en 1936. Para que te hagas una idea, entre los siglos XIII y XIX más de cinco millones de cabezas de ganado (sobre todo ovejas, aunque también vacas, caballos o cerdos) recorrían cada primavera y cada otoño las cañadas.

En total, más de 120.000 kilómetros de caminos que formaban una red que unía todas las provincias peninsulares. Durante los meses fríos, el ganado emprendía camino desde el Norte hasta el Sur. Cuando llegaba el calor se hacía el trayecto inverso. Las ovejas se alimentaban a medida que avanzaban, y ésa era la principal finalidad de la trashumancia.

Aunque hasta el 40% de las cañadas han sido abandonadas, inutilizadas o invadidas por las construcciones, el llamado Proyecto 2001 del Fondo de Patrimonio Natural Europeo lleva ocho años promoviendo la recuperación de esta tradición. Y por eso, cada año cientos de ovejas atraviesan Madrid dejando boquiabierto a más de un pequeño que nunca había visto semejantes bichos al natural.

Beneficios

Una actividad ecológica que se está recuperando

P. C.
El hecho de que se quiera recuperar la trashumancia no es un capricho ni una casualidad. Piensa que antiguamente era la forma más eficaz de mantener una enorme cabaña ganadera de ovejas de lana con el único aporte de los recursos naturales propios. Hoy en día la trashumancia no es ni mucho menos algo arcaico que queda para los libros de texto, sino que puede ser el mejor método para asegurar la riqueza biológica de las razas ovinas autóctonas y para evitar la pérdida de la red de caminos naturales más importante.

Para entendernos mejor, ten en cuenta que el ganado trashumante se alimenta de lo que encuentra en el camino: hierbas, estiércol, pastos, rastrojos sin quemar... Vamos, nada remotamente parecido a los piensos animales que últimamente traen locas a las vacas. Por eso, los alimentos que producen tienen una calidad ecológica superior, y eso es cada vez más apreciado. Además, la trashumancia reduce la erosión de los suelos y los fertiliza porque los abona con estiércol.

Red de vias pecuarias

Aunque casi siempre hablamos de cañadas, para ser exactos hay que referirse a las vías pecuarias, que reciben diferentes denominaciones dependiendo de su anchura. Y así, tenemos las cañadas, que miden 90 varas (75 metros); los cordeles, de 45 varas (37, 5 metros); y las veredas, con 25 varas de ancho (20 metros). La red de vías pecuarias se completaba con abrevaderos (pilones, arroyos o remansos de ríos donde el ganado bebía), descansaderos (destinados al reposo de animales y pastores) y majadas (para pasar la noche, los pastores con cobijo y el ganado recogido).